Ha sido un poco coñazo y, en ocasiones, bastante desagradable, aunque sí me surgen algunas preguntas.
¿Qué es más importante: lo que vivimos o cómo lo contamos?
¿Hay algo más excitante que leer?
¿Hasta qué punto eres responsable de la recepción de aquello que relatas?
¿Qué pasa cuando las fantasías se ponen por escrito? ¿Siguen siendo fantasías o adquieren una capa de realidad que las convierte en proyecto?
Es verdad que a ratos se hace un poco pesado o duro de leer, pero en mi caso me ha parecido bastante fácil de leer, aunque sí es verdad que en varios momentos es bastante desagradable y te deja incómoda. Pero al mismo tiempo creo que eso es lo que engancha, porque hay una mezcla constante entre rechazo y curiosidad que hace que no puedas dejar de leer. Es como una especie de morbo que se activa precisamente por lo extremo de lo que se está contando, pero desde una posición totalmente segura, desde la distancia de saber que no estás dentro de esa situación. Y quizá lo más incómodo es justo eso, que esa distancia hace que algo que debería ser insoportable se vuelva de algún modo absorbente.
ResponderEliminarEn relación a las preguntas, creo que al final lo más importante no es tanto elegir entre lo vivido y cómo se cuenta, porque en realidad lo que vivimos ya llega a nosotros bastante filtrado por la forma en la que lo recordamos y lo narramos. Leer, por otro lado, tampoco es algo pasivo o “más cómodo” sin más, porque también implica construir lo que no está dicho, y por eso puede ser incluso más intenso que la experiencia directa. Sobre la responsabilidad de quien relata, es complicada porque no puedes controlar del todo cómo va a afectar lo que escribes en quien lo recibe, aunque sí que hay un punto de conciencia en lo que decides mostrar o cómo lo haces. Y lo de las fantasías escritas quizá es lo más ambiguo, en el momento en que se ponen en palabras dejan de ser sólo algo mental, pero tampoco se convierten automáticamente en realidad, sino en una especie de zona intermedia que las hace más concretas, más visibles, pero no necesariamente menos imaginarias.