Mi experiencia con la lectura de The Sluts ha sido contradictoria y, en cierto sentido, frustrante. Por un lado, me genera rechazo que el autor utilice el morbo como principal "gancho" narrativo: la estructura de foro y el supuesto misterio sobre el paradero de Brad te empujan a seguir leyendo, pero la lectura no recompensa al lector con ninguna reflexión que no se tuviera ya de antemano. Es como si el libro te obligara a ser una "consumidora" más de esa violencia sin aportar una visión nueva.
La obra se limita a poner de manifiesto un horror que ya conocemos quienes estamos sensibilizados con este problema: la despersonalización y anonimización en la red, así como la crudeza de los sistemas de explotación sexual comercial. Si no es un tema del que se sepa mucho, o si se vive en una burbuja de desinformación o ingenuidad sobre lo que ocurre en internet —o sobre lo que ocurre cuando el primo de alguien se va un sábado noche al local de las luces rojas—, la lectura tampoco aporta más que una visión explícita y, a mi juicio, morbosa. Considero que para reflexionar sobre la explotación sexual y la violencia no hace falta leer el libro completo, con unas pocas páginas sobraría. La acumulación de reseñas me parece un recurso gratuito (y eso que solo hemos leído una selección y no el libro entero).
Aunque la lectura suscite reflexiones interesantes sobre el consumo de pornografía y la violencia sexual, esa falta de un aporte crítico original me produce frialdad. El libro expone el horror de forma muy explícita, pero a la vez creo que se queda corto, porque no resulta realista por el tono elegido para las entradas del blog. Me queda el morbo de lo descrito, pero ni siquiera logra impactarme de forma profunda, no me confronta con la abyección más pura, sino que me recuerda constantemente que es ficción porque el tono no es natural y me saca de la narración.
Esta homogeneidad de las voces en el foro me resulta especialmente llamativa. Aunque en un entorno digital real la diversidad de registros sería mayor, entiendo que esta falta de diferenciación es un recurso intencional del autor para subrayar cómo se diluye la identidad en estos espacios. No obstante, esa planicie en el tono genera una distancia que resta veracidad a una experiencia de lectura que, por otro lado, pretende ser super explícita.
He leído reseñas de quienes califican el libro como "adictivo" e interpretan la obra como un relato de suspense, lo cual me parece ciertamente morboso. Personalmente, no me interesa el destino de Brad en este caso, mi interés no reside en la trama, sino en el análisis social y psicológico de los consumidores, los proxenetas y los propios chaperos. Según avanzaba en la lectura, pensaba en cómo este componente de violencia y sadismo es un rastro directo de la cultura del porno, de la reproducibilidad de las imágenes y de cómo nos hemos insensibilizado ante la violencia. La exposición constante a estos contenidos, cuya nocividad es evidente, configura un imaginario violento muy accesible hoy en día.
Al leer, era inevitable pensar en los datos del Ministerio de Igualdad: el consumo de pornografía está ampliamente extendido, con estudios que indican que hasta el 70% de los jóvenes de entre 14 y 26 años la consumen (un 81,6% en hombres y un 40,4% en mujeres). Con una edad de inicio tan temprana —entre los 10 y 13 años— y cifras de consumo diario que rondan el 23%, queda claro que la violencia que retrata el libro es un reflejo de una realidad estructural.
En conclusión: en mi opinión los temas que subyacen son fascinantes, pero la lectura no lo es tanto.
Os dejo mis preguntas por aquí:
¿Hasta qué punto la estructura de "suspense" sobre el paradero de Brad es una estrategia del autor para convertirnos, como lectores, en consumidores de morbo idénticos a los usuarios del foro? Si lo que nos mantiene leyendo es saber si Brad vive o muere, ¿no estamos cayendo en la misma lógica de objetivización que el libro pretende criticar?
¿Dónde termina la "ficción" y empieza el "daño real" en un espacio anónimo? Si personajes como Zack o Brian se inventaron los informes sobre las palizas o el tumor, ¿el dolor que sentimos al leerlo es menos real?
