El alter ego, un regreso al Yo más que un distanciamiento

 Voy con algo que tiene que ver con lo de la construcción del alter ego. Los mentirosos de éste libro se recrean en personajes que tan solo desatan un Yo hasta entonces contenido. El alter ego no trata de llevar la contraria a su creador, sino de satisfacerle y liberarle: El  impostor de Brad vale de ejemplo, apropiándose de una figura de leyenda para alcanzar una fama hasta entonces inalcanzable. Pienso en los escritores ¿no hacen lo mismo? Pienso en Umbral, y no se si busca exorcizar algunas cosas o recrearse en un Yo que sólo cobra fuerza en la literatura. Pero con Cooper... he leído un total de dos novelas suyas y me han dado mucho que pensar con respecto a este tema. Un Dennis Cooper real se planta en medio del relato. Lo que lees es su vida. Si le creemos no hay alter ego, y él mismo parece tan horrorizado por todo lo que escribe que se siente como un ejercicio compulsivo de dar sentido a la pesadilla.  De todas formas, no deberíamos fiarnos de él ni de ningún escritor, porque mantengo que, quien escribe, lo hace desde la reafirmación, y esta reafirmación necesita del alter ego. Te permite pisarte la cabeza para mirar las piezas del puzzle desde arriba y así poder ordenarlas con cierto sentido. 

Y ahí van mis tres preguntas:

1. El alter ego, escapa del Yo o lo reafirma en su deseo?

2. La exploración literaria del dolor, podría ser la recuperación de un Yo que se reafirma frente al muerto, el trauma o lo perdido?

3. Es el dolor del sadomasoquista su herramienta para la reafirmación del Yo?


1 comentario:

  1. Me gusta mucho por dónde lo llevas, sobre todo esa idea de que el alter ego no es tanto una fuga como una especie de vía de acceso a algo que ya estaba ahí, latiendo. No como máscara para esconderse, sino como permiso para decir(se) ciertas cosas.
    Con Cooper pasa algo raro, porque da la sensación de que ni siquiera hay ese “disfraz” claro. Pero quizá eso también es parte del juego, cuando parece que el autor se expone directamente, lo que tenemos delante sigue siendo una construcción, sólo que más incómoda, más pegada a la piel. Como si el propio “Dennis Cooper” que leemos ya fuera, en sí mismo, un alter ego llevado al extremo.
    Sobre lo que dices de la reafirmación, estoy bastante de acuerdo, pero creo que tiene un filo doble. Es verdad que escribir reafirma, ordena, da sentido, coloca las piezas, pero también te descoloca. Ese gesto de “pisarte la cabeza para ver el puzzle desde arriba” es potente, pero también implica separarte de ti mismo, mirarte casi como si fueras otro. Y ahí hay algo violento, aunque sea productivo.
    Y en cuanto a las preguntas, si juntas las tres , casi se convierten en una sola: hasta qué punto el Yo se afirma o se pierde cuando se expone al deseo y al dolor a través de un “otro”. Y ahí creo que el alter ego, la escritura del trauma o incluso el dolor sadomasoquista funcionan de manera muy parecida, no son ni pura fuga ni pura reafirmación, sino un movimiento extraño en el que el Yo se intensifica precisamente al ponerse en riesgo.

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