El texto me ha hecho pensar en la eficacia de la expresión
de la violencia de las palabras en comparación con las imágenes. Me ha hecho
pasar un mal rato, por la resonancia en historias de agresión sexual y por la
ambivalencia de distancia vs. familiaridad, de ficción vs. realidad con
respecto a la historia que se relata.
Los alter ego de la novela perpetúan una serie de vejaciones
contra el cuerpo de Brad (o los diversos Brads), que se personifica en una
simple descripción física, étnica o de profesión. Leyendo esto, me pregunto qué
personas cercanas a mí podrían convivir con esta doble faceta.
Los tabúes hacen que la sexualidad forme parte de una esfera
tan aislada de la propia identidad que entrar en esto implica realizar un
desdoblamiento. Leer este foro también obliga a ello. Identifico dinámicas
misóginas y de abuso de poder, pienso de qué manera he podido participar yo en
ellas y cuál es mi grado de satisfacción y honestidad con el deseo propio. No
para con el resto, pero para con unx mismx.
¿Nos protege el anonimato de internet para ser quienes
realmente somos o simplemente nos da permiso para saltarnos nuestra ética?
¿Al leer la despersonalización del cuerpo ajeno a través de
las redes sociales, ¿nos convertimos nosotrxs también en consumidorxs cómplices
de esa misma violencia?
¿Nace nuestro deseo de una pulsión puramente individual o es
en realidad una réplica de las opresiones estructurales que nos han enseñado a
ejercer?
¿Es el consumo del otro la máxima expresión del deseo o
simplemente responde a una configuración capitalista?
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