The Sluts no va sobre Brad-persona, sino sobre Brad-lugar, Brad-Sitio 1. Se trata del cuerpo donde una serie de hombres proyectan sus fantasías y fetiches más indecibles que, al ser dichos (escritos), aún en el intento de resultar confesionales y honestos, exponen su naturaleza competitiva.
Paul B. Preciado ofrece una breve y muy acertada reseña de Lolita en la
contraportada de la edición más reciente de Anagrama, donde considera la
descripción que en el libro se hace de Estados Unidos el retrato de una
"geografía de la predación"(qué maravilla). Pues aquí Cooper hace de
Brad lo mismo, un sitio en el que predar y recrearse en el proceso.
La obra deja de similar erotismo o violencia para rápidamente revelarse como terreno de lucha de egos. Para los usuarios del foro no se trata de compartir experiencias, sino de coronarse como el más cínico, o profesional, o despiadado. Las violencias supuestamente ejercidas sobre Brad no serían nada si no fuera por la demostración de expertise que se hace en su forma (algunas de ellas culminadas con una breve y contundente descripción de la colosal polla del autor, por si había alguna duda de su hombría). Así pues, se trata de una especie de olimpiada de la depravación.
¿Es el cinismo una forma de estatus en la experiencia anónima?
Leí el pdf con una enorme intención de descifrar quién mentía antes de que se me revelara; tiraba hacia atrás y adelante, poniendo especial intención a los formularios y qué huecos dejaban en blanco. Me ilusioné mucho cuando leí "Profesor de instituto", pensando "después de explicar esto, nadie diría su ocupación, no tras haber especificado el lugar donde ocurrió lo relatado, y menos aún tras haber sido informado de que la policía tendría acceso al foro". Pero luego pensé que igual era otra capa de ficción que añadía el autor, haciendo de él un mejor candidato para la medalla de oro del depravadismo. En fin, que cuando una se ve inmersa en una lectura fragmentada y retorcida como esta, acaba por adoptar un papel activo que propicia una mayor asimilación de la crudeza del relato, y Cooper lo sabe.
Que el narrador mienta hace de la lectura una experiencia maravillosa, aunque coincide que cuando esta técnica se aplica, lo narrado suele ser jodido. La Naranja Mecánica por ejemplo o El Guardián Entre el Centeno, son ejemplos de esto mismo, un narrador perturbado que te cuenta cosas perturbadas y que consigue que empatices con él porque el problema es el entrono, o el pasado, o lo que sea. Por otra parte también puede una encontrarse con relatos donde la mentira no es gratuita, sino que deriva de una salud mental empobrecida, como Fight Club o Blue Velvet (como bien comentaba mi compañera), o El Cisne Negro (que es lo mismo), Shutter Island o Memento. Aquí encontraríamos una mezcla de ambas (siempre y cuando consideremos la figura del narrador una cuestión abierta a debate). En ocasiones, la violencia y el abuso pueden ser el marco y aún así no ser aquello con lo que el espectador/lector se quede al terminar.
¿Quién protagoniza este libro? ¿Brad? ¿Los autores anónimos? ¿Zack/Brian? ¿Webmaster? Si la violencia es el marco, ¿puede que el protagonista sea el juicio moral que el lector realiza sobre sí mismo en cuanto a su disfrute en la lectura? Depende de quién lea supongo.
El protagonista es el lector. Según vas pasando las paginas te sientes más y más en el papel de uno de esos tíos de Webmaster y te preguntas ¿Cómo he llegado a éste lugar? Por la misma razón que todos esos sadomasos locos: el morbo. O puede que sea el deseo de descubrir que está pasando, pero aún con esas está el morbo si es que te has acabado la lectura, de lo contrario se habría hecho demasiado insoportable, no?
ResponderEliminarQuizá lo más inquietante de The Sluts es que el cinismo no funciona sólo como una especie de estatus dentro del anonimato, sino casi como la condición básica para que el lenguaje funcione ahí dentro. En el momento en que todo puede ser mentira, la mentira deja de ser una excepción y pasa a ser simplemente el modo normal de existir, no hay un “detrás” claro de lo que se dice, sólo capas de relatos que se pisan, se corrigen y se contradicen entre sí para intentar producir algo parecido a la realidad.
ResponderEliminarEn ese sentido, Brad no es tanto un cuerpo sobre el que se escribe, sino más bien el efecto que deja toda esa escritura acumulada encima suyo, como una especie de fantasma estadístico hecho de repeticiones, contradicciones y detalles excesivos. Y el cinismo no es sólo “ser el más duro” en el foro, sino una forma de no desaparecer en un espacio donde cualquier intento de sinceridad queda inmediatamente bajo sospecha. Ahí es donde el lector entra sí o sí: no como alguien que está fuera ordenando qué es verdad y qué no, sino como alguien que tiene que moverse dentro de esa inestabilidad para que el texto tenga sentido. Leer deja de ser descifrar y pasa a ser algo más incómodo, como participar sin querer en un sistema donde la verdad ya no es el objetivo, sino casi un material más que se gasta, se simula o se defiende.
Por eso la pregunta de “quién protagoniza esto” quizá no tiene una respuesta fija. El protagonista sería más bien ese vaivén constante entre creer y no creer, entre engancharse a una versión y desmontarla al segundo. Y en ese movimiento, el cinismo deja de ser una postura moral para convertirse casi en el ritmo con el que respira el propio texto.