Portrait of George Dyer in a Mirror, 1968.
¿Cómo empujó Francis Bacon a su novio al suicidio?
George Dyer ya se sentía profundamente inseguro. Bacon lo pinta con media cabeza, fragmentada por un espejo, sin enfrentarlo nunca tal y como era en realidad. Dyer se suicidó en la habitación de hotel en la que se alojaban, justo antes de la inaguración de una exposición de Bacon, para ver más retratos desfigurados. Se dice que Dyer amenazaba constantemente con suicidarse, y que la violencia de las pinturas de Bacon era un reflejo del sadomasoquismo en su vida personal. No incluiré la imagen de las pinturas que realizó después de su muerte porque ver o leer estas cosas es experimentar e implicarse en la violencia. Al igual que algunos pasajes del libro, me dan ganas de vomitar.
Ser representado por Bacon es ser violado por su representación. Es otra forma de violencia verdaderamente aterradora. Ver los cuadros de Bacon es ser violado. Al igual que en Funny Games de Haneke o en The Sluts de Cooper, el espectador se ve implicado en la violencia perpetrada por el pincel de Bacon. Se busca a tientas una imagen verdadera a través de un turbio remolino de luz y oscuridad. El sujeto queda desfigurado y la realidad se pierde en una pesadilla.
Es una forma de simulación en el sentido baudrillardiano. La verdadera identidad se pierde en su representación y reconstrucción. En el lienzo o en el foro, hay una expresión de una nueva realidad en la que los fragmentos de verdad y mentira se vuelven intercambiables. La verdadera identidad no es lo importante.
Hay algo que quizá se puede añadir a lo que dices, y es que la violencia de la representación no funciona sólo porque “deforme” a alguien, sino porque lo deja sin salida. O sea, no es tanto que la imagen sea agresiva por cómo muestra, sino porque fija una versión de ti que ya no puedes desactivar desde fuera. Y eso conecta con la idea de simulación que mencionas, cuando verdad y mentira se mezclan tanto que ya no tiene sentido intentar separarlas, lo que pasa es que la identidad deja de ser algo que “está detrás” esperando ser encontrada. Empieza a ser algo que sólo existe en esas versiones, en esas reconstrucciones, en esas miradas que la van fabricando.
ResponderEliminarPor eso lo de la violencia no es sólo que haya distorsión o crueldad, sino que no hay un lugar limpio desde el que escapar de eso. No hay un “yo real” que se pueda rescatar intacto. Lo que hay es un montón de versiones que compiten entre sí, y ninguna tiene más derecho que otra a ser la verdadera. Y ahí es donde todo se vuelve un poco incómodo, porque ya no se trata de descubrir qué es verdad, sino de aceptar que quizá la identidad siempre ha funcionado así, como algo que depende de cómo se cuenta, quién lo cuenta y desde dónde se mira.